REDESCUBRE TU SAVASANA: MÁS QUE UNA RELAJACIÓN
La postura de Savasana es tan antigua como los textos primeros del Yoga (Hatha Yoga Pradipika, fechado entre los siglos XV y XVI). Sin embargo, curiosamente, incluir Savasana como el cierre de relajación física y mental tras una práctica de asanas es un fenómeno bastante más reciente, que se vincula a la occidentalización del Yoga.
T. Krishnamacharya recomendaba que durante la práctica dinámica de asanas (vinyasas), si el alumno perdía la fluidez de la respiración, este debía tumbarse en Savasana para recuperar el ritmo respiratorio natural antes de continuar. “Tienes que ganarte tu Savasana” (“You must earn your Savasana”) es una frase que Mark Whitwell, discípulo de T. K. V. Desikachar, atribuye a Krishnamacharya.
De esta forma, mientras el Yoga se desarrollaba en Occidente parece que se fue haciendo habitual incluir una postura de recuperación e integración, así como un tiempo de quietud total al final de la práctica.
Para B.K.S. Iyengar, Savasana (traducido como la postura del “cadáver”) “es el sometimiento consciente del ego al olvidarse de uno mismo. Uno se descubre a sí mismo”. Para alcanzar la quietud total, de acuerdo con Iyengar, el cuerpo tiene que estar perfectamente centrado, evitando el adormecimiento, con la mente alerta, quieta y testigo de la quietud corporal.

En la actualidad es posible encontrar tantos tipos de Savasana como formas de practicar Yoga: con más o menos duración, más o menos guiados, con o sin música… En general parecen coincidir en que “después de practicar viene la recompensa, Savasana”.
En este panorama Swami Satyananda Saraswati sistematizó antiguas prácticas tántricas como el nyasa y difundió su estructura del Yoga Nidra (“el sueño consciente”), donde Savasana no es el premio tras el esfuerzo sino el punto de partida, el territorio de la práctica.
La invitación para redescubrir tu Savasana es: ¿Podemos permitirnos descansar, disfrutar del descanso, sin hacer nada? Más aún ¿sin haber hecho nada para merecerlo?
Es posible redescubrir Savasana como un lugar donde no hay que producir ni optimizar ni mejorar ni alcanzar nada. Savasana se transforma en un lugar de transición. Igual que no es un punto de destino, tampoco lo es de partida. Es más como un pasillo o una sala de espera. Un espacio liminal, un lugar de tránsito para sentir y ser: no estamos donde estábamos, pero aún no sabemos hacia dónde vamos.
Este Savasana suele incomodar porque carece de identidad clara. No ofrece recompensas inmediatas. La quietud parece improductiva. No se puede mostrar, medir ni convertir en un logro. No hay aplausos ni resultados visibles.



